El pasado fin de semana, dos iglesias católicas del Estado de México fueron escenario de actos violentos que conmocionaron a la comunidad. Una profanación de la Eucaristía y una balacera dejaron un saldo de una mujer fallecida, varios heridos y profundas reflexiones sobre la violencia en el país.
En la madrugada del 15 de diciembre, la capilla de la Sagrada Familia, ubicada en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe del Risco, en Tlalnepantla de Baz, fue objeto de un acto sacrílego. Según Mons. Luis Martínez Flores, Administrador Diocesano de Ecatepec, individuos sustrajeron el Santísimo Sacramento del Sagrario y lo arrojaron en las inmediaciones del templo.
En respuesta, se celebró una Misa de reparación, y el prelado instó a todas las comunidades de la diócesis a ofrecer oraciones por el acto sacrílego, además de fomentar el respeto hacia la Eucaristía.
El sábado 14 de diciembre, en la Basílica de Nuestra Señora de los Remedios, un ataque armado dejó una joven fallecida y varios heridos. La agresión ocurrió en el atrio de la iglesia, cuando una familia salía de una ceremonia de acción de gracias. Mons. José Antonio Fernández Hurtado, Arzobispo de Tlalnepantla, condenó el hecho y elevó oraciones por las víctimas, a la vez que pidió paz y reconciliación para la comunidad.
Estos incidentes se enmarcan en un contexto de alta criminalidad en el Estado de México, entidad que ocupa el segundo lugar a nivel nacional en homicidios. Municipios como Tlalnepantla y Naucalpan encabezan estadísticas en delitos como feminicidios, robos con violencia y extorsiones.
Las autoridades eclesiásticas han pedido que las iglesias sean espacios de paz y han llamado a los fieles a ser promotores de justicia y reconciliación en un entorno marcado por la violencia.